5 pasos para gestionar las emociones, por Daniel Colombo

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Las emociones no se controlan: se gestionan. Si las controlas, te puedes enfermar. Es importante aprender a dejarlas salir. De su apropiado equilibrio dependerá la paz interior, la salud física y mental, el sentido de la vida y la correcta conducción de la comunicación interpersonal, entre otros aspectos.

Para muchas personas ejercer un equilibrio emocional representa un desafío, por cuanto suelen moverse en torno a polaridades (me siento bien/me siento mal), sin matices y sin demasiada elaboración interna para atravesar esos límites autoimpuestos.

Como todo proceso interior, las emociones se gestionan desde uno, independientemente del entorno en el que te desenvuelvas. Claro que hay situaciones que nos afectan. Sin embargo, es valioso focalizarse en el valor de la actitud como un catalizador para visualizar rápidamente desde qué lugar estás operando en ese instante preciso.

Esto también es útil para no arrastrar demasiado tiempo cargas emocionales negativas que puedan ser un peso o un lastre para tu vida.

Se requiere de mucha paciencia, entrega interna, compromiso, responsabilidad individual y práctica permanente para ver los resultados.

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  • Los 5 pasos

Esta secuencia está diseñada para que puedas gestionar mejor las emociones:

  1. Reconocer la emoción dominante

Es importante identificar y tener en claro cuál es la emoción que predomina en el instante en que te sientes poco confortable ante una situación. El reconocerla es estratégico para saber desde qué lugar podrás gestionarla convenientemente. Observa tus reacciones, eso que “ves venir” internamente mientras vives la situación, su repercusión física -como molestia, bloqueo, dolor, angustia en algún lugar determinado del cuerpo-, incluso la tensión o temperatura corporal que sientes te ayudarán a focalizar en este punto. 

  1. Identificar la Reacción inconsciente

Por lo general, a cada emoción dominante le sucede una reacción inconsciente; ese espacio que no logras dominar y que tiende a salir instintivamente. Las reacciones por lo general son comportamientos aprendidos en base a experiencias del pasado que irrumpen cuando surge algo en particular. Es un modus operandi interno que -con matices- tiende a ser repetitivo. Pregúntate internamente: ¿de qué forma estoy reaccionando? ¿De dónde proviene esta reacción? ¿Cómo puedo dividir rápidamente el hecho que está moviendo mis emociones, para detectar mi parte de implicación en el asunto?

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  1. Analizar el curso a seguir

Con la información interna anterior puedes hacer un escaneo rápido de opciones para elegir el curso a elegir. En plena emocionalidad que irrumpe es posible que se elijan caminos poco apropiados, como serían responder con agresividad, ira, dejarte llevar por impulsos que no ayudarán a tranquilizarte, ni traerán claridad en la situación del momento. Sé inteligente, y verifica internamente:  A) Cuál sería tu objetivo para el bien mayor de todos los involucrados, que quisieras lograr una vez concluido este proceso desafiante. B) De qué forma puedes hacer tu parte. C) Qué puedes hacer en concreto ahora mismo (por ejemplo, serenarte, respirar, dividir el problema en partes y aclararlo hasta tener toda la información, reconducir los impulsos dañinos hacia algo más positivo). 

  1. Acción reparadora/Resignificación.

Este paso te permitirá accionar en el momento en el sentido de las decisiones y elecciones conscientes que has hecho en el paso anterior. Necesitas tomar noción de tu implicación en el proceso y de qué forma evitarás echar combustible al fuego. Con esta estrategia, podrás plantearte cómo encauzar de mejor manera alguna solución o forma de resignificar -dar nuevo significado- a lo que estás gestionando emocionalmente. Primero lo harías internamente y luego, puedes buscar consenso con la otra parte si fuese el caso (aunque también funciona también cuando estás en guerra contigo). Esto implica que te colocarás en un nuevo escalón de consciencia, más elevado, para observar, accionar y concretar vías de solución, sin que esto significa transigir sobre aspectos que consideras que no deben ser vulnerados en ti, sobre todo tu integridad. Un ejemplo práctico: cuando te animas a decir “no” porque lo sientes, ya estás ejerciendo este paso.    

  1. Practicar el circuito de gestión de las emociones

Incorporar un nuevo esquema de procesamiento de las emociones lleva tiempo y dedicación consciente. Necesitarás dedicarte atención y ponerlo en práctica todo el tiempo para empezar a observar sus beneficios. De esta forma, al final, empezarás a vivir una vida centrada en tu felicidad y en tu libertad, porque habrás aprendiendo a reconducir ese tipo de emociones que, antes, te hubiesen dañado de alguna forma.

Daniel Colombo

Master Coach Internacional especializado en CEO, alta gerencia y profesionales; conferencista internacional; motivador; autor de 21 libros y comunicador profesional

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